MARGARINAS PESADAS

La margarina se hace con aceites de soja, palma, girasol, cacahuete, coco, maíz y colza. Estos aceites se extraen de las semillas mediante procesos químicos a base de disolventes, como el peligroso hexano, después se los refina eliminando las vitaminas E y A (por eso algunas margarinas llevan vitamina A sintética añadida). Pero lo que hace peligrosa a la margarina es que a estos aceites, que en principio son insaturados, se les introduce hidrógeno a altas temperaturas convirtiéndolos en grasas saturadas (ácidos trans) y creando solidez a temperatura ambiente. Por tanto la hidrogenación y los extremos de calor, convierten las grasa insaturada en saturada. Los aceites son sensibles al calor y a la oxidación, tanto más cuanto más insaturados sean.
Estas grasas hidrogenadas son grasas sólidas a temperatura ambiente que pueden conservarse durante mucho tiempo en las estanterías de los supermercados por tanto ya no sólo se encuentra en las margarinas sino también en las galletas, pasteles, productos de repostería y lo que más me duele es que las han introducido en las fórmulas para bebés.
Nuestro cuerpo no reconoce estas grasas químicas y por eso desbarajusta nuestro organismo disminuyendo el colesterol HDL (el bueno) y aumentando el LDL (el malo) sabiendo ya todos a dónde nos lleva un colesterol alto. Estas grasas no existen en ninguna parte en la naturaleza.
La grasa natural, sobe todo la del tipo insaturado, es más sana que la margarina, un producto parcialmente hidrogenado de la industria química y por lo tanto artificial.
No creamos que por comprar nuestras galletitas ‘light’ en tiendas biológicas vamos a estar ‘libres’ de las grasas parcialmente hidrogenadas.
Un mensaje para las mujeres adictas a las dietas: Chicas, que no nos tomen el pelo, que no nos vacíen los bolsillos con alimentos supuestamente sanos y bajos en calorías ya que éstos son productos químicos que alteran nuestro organismo, nos debilitan y hace que luego tengamos ansias de dulce, nos peguemos el gran atracón y encima sin perder ni un solo gramo. Salgamos de este círculo vicioso creado por la industria alimentaria y empecemos a cuidarnos de verdad, aprovechando lo que nos da la Naturaleza. Despertemos nuestro instinto nutritivo, nuestra esencia y que los grandes empresarios se vayan a ‘freir espárragos’.

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