El CAFÉ de los muy CAFETEROS.

La infusión de café hizo su debut en la Exposición de París de 1855 con el expresso italiano, palabra que significa algo que se hace en el momento y se entregra rápidamente a un solo cliente.
Adentrándonos un poco más en sus propiedades podemos comentar que cada taza puede contener entre 75 y 150 mg de cafeína. La función de la cafeína es estimular el sistema nervioso, por eso a muchas personas les produce insomnio y en dosis elevadas palpitaciones, nerviosismo y taquicardia.
En dosis elevadas produce ardor de estómago, tiene efecto laxante y diurético. Pero tomar una taza de café después de las comidas faciita la digestión al activar las secreciones gástricas y la movilidad intestinal.
Pero la única manera de saber si somos tolerantes al café es observando las reacciones de nuestro cuerpo y debería ser eliminado si tenemos: insomnio, cistitis, hipertensión, acidez, úlceras y ardores de estómago, alteraciones intestinales y problemas de corazón.
Está comprobado que la cafeína puede variar el nivel de estrógenos presente en el organismo, que causa sensibilidad en los pechos antes de la menstruación, que acelera la pérdida de calcio de nuestros huesos, creando osteoporosis, algunos métodos de preparación de cafés elevan los niveles de colesterol en la sangre, ya que no filtran los lípidos.
Muchos pensaréis en sustituir el café por el descafeinado (se inventó en Alemania en 1908) pero en grandes cantidades puede resultar tóxico ya que para su elaboración se utilizan disolventes químicos como el cloruro de metileno (diclorometano), cloroformo, el tetracloruro de carbono y el acetato de etilo.
Muchos de los que sois cafeteros ya no se puede decir que estéis tomando café original, por ejemplo, el café torrefacto se tuesta con azúcar blanco y otros llevan maltosa, lactosa, fructosa, glucosa y sacarosa (aunque algunas marcas todavía no lo ponen en el etiquetado) es decir, más azúcares. Y el café capuchino de una marca muy conocida que no pienso hacerle publicidad, lleva: leche desnatada en polvo, azúcar, grasa vegetal hidrogenada (la peor grasa saturada), café soluble (sólo un 14,1%), lactosa, jarabe de glucosa deshidratado (más azúcar), proteínas de leche, estabilizadores (E-340, 452, 331) y sal refinada. Vamos, todo un deleite para nuestro paladar muy alejado de un verdadero y auténtico café.
Aún existen cafés buenos, ecológicos y auténticos. Os recomendaría comprarlo en grano para que vosotros mismos lo moliéseis en casa en el momento de prepararlo. Todo es más sencillo de lo que parece.

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