BUENA COMBINACIÓN DE ALIMENTOS PARA UNA BUENA DIGESTIÓN

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Lo que comemos y no digerimos correctamente, no nos alimenta; al contrario, nos envenena. Cuando empezamos a alimentarnos combinando correctamente lo que comemos, se produce un cambio extraordinario en nuestras vidas: nos sentimos mejor, estamos de buen humor, olemos mejor, nuestra mente está más clara, desaparecen las jaquecas, alergias, estreñimiento y comenzamos a vivir la vida con una alegría creciente, como si nos hubiéramos liberado de un pesado fardo.’ H.M. Shelton, cita de su libro ‘La Combinación de los Alimentos’.

Corrían los años 90 cuando, en un curso de higienismo en el antiguo Herbolario Navarro del centro de Valencia, me hablaron por primera vez de Herbert.M. Shelton y su libro ‘La Combinación de los Alimentos’. Fue tan grande el ‘descubrimiento’ que supuso un antes y un después en mi alimentación y también en mi forma de vida.

¿Quién es Herbert Shelton (1895-1985)?

‘Uno de los principales críticos de la Medicina Moderna. Al tiempo que defendía las prácticas de un sistema de atención sanitaria denominado Higiene Natural, informaba a sus lectores de las muchas prácticas peligrosas que ejerce la medicina moderna. Él decía que una cosa es curar la enfermedad y otra bastante diferente devolver la salud al enfermo. Con un tratamiento farmacológico los síntomas pueden desaparecer, pero en su lugar quedan enfermedades que, a menudo, son graves y, algunas veces, mortales. La curación pertenece al organismo.’ Jean A. Oswald, ‘Yours for health, The life and Times of Herbert M. Shelton’ (1994).

¿Qué es la Higiene Natural o Higienismo?

‘Es una receta que proporciona de forma adecuada los requisitos naturales que exige una vida saludable -descanso mental, físico y fisiológico, alimentos adecuados, aire fresco, ejercicio, luz del sol, calor y limpieza.
La práctica de la Higiene Natural consiste en construir nuestro sistema inmunitario dentro de nuestra fisiología, gracias a una forma saludable de vida. Cuidar la salud significa cuidarnos a nosotros mismos y que lo que necesitamos es ampliar nuestra perspectiva para situar la responsabilidad por las enfermedades en un nivel más profundo de la conciencia, donde se puede encontrar el potencial curativo’. Jean A. Oswald, ‘Yours for health, The life and Times of Herbert M. Shelton’ (1994).

Desde entonces seguí las recomendaciones del Dr. Shelton pero en el año 2007 comencé a hacer algunas variaciones, las cuales también apliqué a mis seguidores ya que muchos de ellos no eran capaces de llevar a cabo este tipo de combinaciones tan ‘estrictas y austeras’ (como pueden parecer al principio). En los casos de problemas serios digestivos no hice cambios ya que considero imprescindible seguir sus reglas al pie de la letra para notar realmente mejoría.

Aviso a los lectores sobre este artículo:
Nóveles en Nutrición: Tomadlo con calma, intentad estad abiertos a nueva información que tal vez os pueda ser beneficiosa. Que la lectura no dé lugar al pesimismo y que el calificativo ‘imposible’ no sea el protagonista.
Veteranos en Nutrición: Espero que os resulte desafiante, interesante y todo un gran reto.
Para ambos tipos: Es interesante, como todo en la vida, que exista, y no se pierda nunca, la flexibilidad porque es la única que nos puede llevar a nuestro Equilibrio.

‘Lo que aseguro es que en todos los casos de enfermedad, al suprimir la causa, las fuerzas y los procesos vitales, unidos con los factores normales de la vida, restablecerán la salud y la integridad, siempre que el daño ocasionado a los órganos no sea irreversible. Ahora bien, la alimentación es sólo uno de estos factores normales de la vida’.

Importancia de las enzimas en nuestra digestión según Shelton

  • ‘Cada enzima es específica en su acción. Es decir, la especificidad de las enzimas las hace actuar sólo sobre una clase de substancias alimenticias. Las enzimas que actúan sobre los carbohidratos no tienen ni pueden tener efecto sobre las proteínas, ni sobre las sales minerales, ni las grasas. El fisiólogo Howel nos dice que no existe ninguna prueba evidente de que una enzima pueda producir más de una sola clase de acción.
    Esta acción específica de las enzimas es importante, pues como hay varias etapas en la digestión de los alimentos, cada etapa requiere la acción de una enzima diferente, y las diversas enzimas son capaces de realizar su trabajo siempre que el trabajo precedente haya sido correctamente realizado por la enzima que le precede. Por ejemplo, si la pepsina no ha convertido las proteínas en peptonas, las enzimas que transforman las peptonas en aminoácidos, no serán capaces de actuar sobre las proteínas.’

‘Como la acción de las enzimas en la digestión es muy parecida a una fermentación, se supuso que estas substancias eran fermentos. Sin embargo, la fermentación es realizada por las bacterias o fermentos orgánicos y sus productos, que difieren de la desintegración de los alimentos por enzimas, no son nutritivos. Más bien son tóxicos. La putrefacción, que es también el resultado de la acción de estas bacterias, tampoco produce materias nutritivas, sino venenos, siendo algunos de ellos virulentos.’

A continuación expongo con todo detalle las reglas de ‘La Combinación de los Alimentos’ de Shelton y cuáles han sido las modificaciones que, sobretodo, aplico al principio para ir pasito a pasito y no ‘estresar’ ni al organismo ni a la mente (esta última es la que más se estresa). André Torcque lo explica a la perfección:

‘Romper de súbito con nuestros malos hábitos y obligarnos a la fuerza a seguir reglas estrictas, aunque ideales, genera reacciones fisiológicas de readaptación y desintoxicación (náuseas, sensación de debilidad, etc.) muy normales y sin ningún carácter de peligrosidad, que generalmente asustan a las personas que no tienen suficiente conocimiento de la psicosomática natural.
Pero el obstáculo más delicado se encuentra en el aspecto psicológico. Nuestra herencia, educación y ‘cultura’ han elevado en nuestro subconsciente barreras imposibles de echar abajo de golpe. Es menester tener muy en cuenta el factor tiempo, en relación con la facultad de adaptación peculiar de cada uno. Varios meses, varios años (y quizás varias vidas) son necesarios para conseguir la anulación de la memoria negativa de nuestras células.
No se trata en ningún caso de crearse conflictos psicológicos en nuestra búsqueda del perfeccionamiento. Una alimentación (o un modo de vida) basada en el miedo, es peligrosa. Hay que cultivar la paciencia, la esperanza, la sabiduría y la alegría, y permitir que se vuelva a manifestar nuestro instinto perdido. Lo único importante es cambiar la manera de vivir y sobre todo de pensar (aunque sea muy poco a poco), recobrar la serenidad y la fe, y procurar se feliz día tras día.
Cuando se emprenda una modificación, por modesta que sea, tiene que ser ante todo comprendida y aceptada a la perfección. Sólo así se consiguen resultados alentadores, estables y rápidos.

Mala combinación cereal con fruta ácida.

1- NO TOMAR ÁCIDOS CON ALMIDONES

La digestión empieza en la boca. La saliva, que es normalmente un fluido alcalino, contiene una enzima llamada ptialina, la cual reduce el almidón a maltosa, un azúcar complejo que más tarde es descompuesto en el intestino por la maltasa y convertido en glucosa, que es un azúcar simple. Así pues la ptialina actúa directamente sobre el almidón.
La amilasa, que es una enzima de secreción pancreática, reduce también el almidón como lo hace la ptialina. De esta manera, el almidón que escapa a las fases de digestión bucal y estomacal, puede todavía ser transformado en maltasa y maltodextrina, suponiendo que no haya fermentado antes de llegar al intestino.
La ptialina es destruida por un ácido débil y también por una reacción alcalina fuerte. Puede actuar sólo en un ambiente medianamente alcalino. Por tanto si se mezclan almidones con alimentos ácidos o que provoquen una secreción ácida en el estómago, la acción de la ptialina queda interrumpida. Cualquier ácido destruye la ptialina de la saliva. Ahora bien, con esta destrucción la digestión de los almidones queda detenida.
El ácido oxálico diluido en la proporción de una parte por diez mil, detiene completamente la acción de la ptialina. En una o dos cucharaditas de vinagre, existe el suficiente ácido acético para suspender totalmente la digestión salivar. Los ácidos de los tomates, bayas, naranjas, pomelos, limones, piñas, manzanas agrias, uvas agrias y otras frutas ácidas o agrias, son suficientes para destruir la ptialina de la saliva y, por lo tanto, suspender la digestión del almidón. El doctor Percy Howe dice: ‘Mucha gente que no puede comer naranjas en la comida no tiene inconveniente si las toma de quince a treinta minutos antes.’
Tampoco es conveniente beber zumos de naranja o de tomate en un desayuno a base de cereales, a pesar de ser un hábito tan común.
Esta regla la comparto aunque hago una excepción con la compota de manzana, que sugiero tomarla después de las comidas pero dejando pasar un tiempo prudencial, aunque en algunos casos no hago excepción.

  • Los almidones a los que Shelton se refiere son: Todos los cereales y sus derivados (pan, pastas, etc.); habas y judías secas (excepto los granos de soja); garbanzos y en general todo tipo de leguminosas secas; toda clase de patatas; cacahuetes; boniatos; plátanos; calabazas; aguaturmas (tubérculo); castañas. Con menos cantidad de almidón: coliflores, remolachas, salsifís (raíz que se parece al nabo o a la zanahoria), escorzoneras.
  • Casi todos los ácidos que ingerimos son frutas ácidas: Naranjas, granadas, manzanas ácidas, ciruelas ácidas, uvas ácidas, melocotones ácidos, grosellas, pomelos, fresas, tomates, frambuesas, piñas, limones. Además del vinagre.
Mala combinación proteína con cereal, como la paella.
Mala combinación pescado con arroz.

2- NO COMBINAR PROTEÍNAS CON ALMIDONES

El fisiólogo Stiles afirma: ‘El ácido, que favorece la digestión gástrica, perjudica por completo la digestión salivar.’ De la pepsina, dice: ‘La capacidad de esta enzima para digerir proteínas se manifiesta sólo en presencia de una reacción ácida y se pierde por completo cuando la mezcla es alcalina. Por lo tanto, las condiciones que permiten la digestión péptica son las que impiden la acción de la saliva’. De la ptialina dice: ‘Esta enzima es extremadamente sensible al ácido. Puesto que el jugo gástrico destruye la ptialina, y por lo tanto, inhibe la digestión del almidón.’
El doctor Richard C.Cabot dice: ‘Cuando comemos carbohidratos, el estómago segrega el jugo adecuado, de composición diferente al que segrega si le llegan proteínas. De este modo es cómo el estómago responde a la peculiar demanda que se le hace. Este es uno de los numerosos ejemplos de que órganos, que creemos, sin razón, inconscientes y desprovistos de alma, efectúan una elección y toman, por propia voluntad, una iniciativa inteligente. Aquí está el secreto. Cuando tomamos almidones, el estómago segrega una clase diferente de jugo que cuando tomamos alimentos proteicos.
V.H.Mottran, profesor de fisiología en la Universidad de Londres dice: ‘El jugo gástrico digiere las proteínas, y la saliva, el almidón. Por lo tanto, es obvio que para una digestión correcta y eficaz, los alimentos proteicos deben comerse primero, y los que tienen sólo almidón, después.’
A lo que Shelton responde que si se come primero el alimento proteico y luego el que contiene almidón, las proteínas se digerirían en la parte inferior del estómago y el almidón en la parte superior. Quizás en Inglaterra se suele iniciar la comida con carne y terminarla con un postre hecho con harina pero en la costumbre general, en todas partes, es comer los alimentos proteicos y los que contienen almidón juntos. Cuando la gente come carne, huevos o queso, agrega siempre pan a la proteína. Los perritos calientes, los bocadillos de jamón, hamburguesas, tostadas con huevo, he aquí las mezclas que la mayoría suele ingerir, con el resultado de que proteínas y almidones se encuentran completamente mezclados en ambas partes del estómago. Cuando se come una hamburguesa o un perrito caliente, no se come primero la carne y luego el pan. Se comen juntos y se mastican e ingieren juntos. Que yo sepa, el estómago no posee ningún mecanismo para separar estas substancias tan íntimamente mezcladas y colocarlas luego en compartimentos diferentes. Por tanto, el plan sugerido por Mottran (comer primero el alimento proteico y luego el amiláceo) no puede dar resultados satisfactorios.
Esta regla nos dice que los cereales, el pan, las patatas y otros alimentos con almidón, no deben tomarse a la vez que huevos, carne, queso, frutos secos y otros alimentos proteicos.

Todos los fisiólogos coinciden en la idea de que la composición del jugo digestivo corresponde a las características del alimento que debe ser digerido, y que cada alimento requiere una modificación específica de dicho jugo. Se comprende entonces claramente que las mezclas complejas perturbarán mucho la eficacia de la digestión y que las comidas sencillas serán digeridas más fácilmente y serán, por lo tanto, más provechosas.

Esta regla ‘me la salto’ sólo en las comidas del mediodía, es decir, al principio recomiendo tomar un sólo tipo de cereal con un sólo tipo de proteína acompañado de verduras y siempre en unas cantidades específicas.
¿Por qué? Pues porque son pocos los seguidores que están dispuestos a olvidarse de su paellita integral (arroz integral con pescado y verduras) o de su mijo con pollo plancha o de sus espaguetis de espelta integral con huevo duro rallado, por poner algunos ejemplos.
Y ya no quiero ni pensar los que empiezan desde cero. ¿Serían capaces de olvidarse de la paella (arroz con pollo o arroz con pescado o mixta), de la tortilla de patata, del pan con jamón, de la pizza cuatro quesos o de un simple sandwich de jamón y queso?
En la actualidad hemos llegado a tal punto que hacemos unas combinaciones increíblemente atómicos (en una misma comida varias proteínas, varios almidones, varios ácidos y, de remate, postre). Así que, simplemente aconsejando tomar un sólo almidón y una sola proteína al mediodía ya uno puede notar una mejoría digestiva abismal.

  • Las proteínas o prótidos son los alimentos que contienen un alto porcentaje de proteínas en su constitución: Frutos secos (nueces, almendras, avellanas, etc.); huevos; judías secas; garbanzos; granos de soja (la soja es ciertamente la leguminosa más difícil de digerir ya que contiene un 24% de almidón, un 37% de proteínas y un 18% de grasa); cacahuetes; quesos; aceitunas; leche (tiene bajo contenido proteico); todo tipo de carne y de pescado (excepto la grasa).
    Las proteínas combinan bastante mal con las siguientes verduras: remolachas, nabos, zanahorias, coliflor, colinabos, habas, guisantes, alcachofas, patatas, boniatos porque son verduras algo farináceas. Las judías y los guisantes contienen a la vez proteínas y almidón, y es mejor consumirlos como proteína o como almidón, combinados con verduras y sin agregar ningún otro producto proteico o amiláceo. Las patatas tienen la suficiente fécula como para ser la parte principal de una comida amilácea.

La Enzima estomacal o Pepsina

El jugo gástrico puede variar desde una reacción casi neutra a una reacción ácida fuerte, según la naturaleza del alimento ingerido. Contiene tres enzimas: la pepsina que actúa sobre las proteínas, la lipasa que tiene una acción sobre las grasas y el labfermento que coagula la leche. La pepsina es capaz de iniciar la digestión de todo tipo de proteínas. Es la única enzima que tiene esa característica.
La pepsina actúa sólo en un medio ácido y es destruida por un alcalino. La baja temperatura, como cuando se ingieren bebidas heladas, retarda y hasta suspende su acción. El alcohol precipita esta enzima.
La ptialina no actúa sobre el azúcar. Cuando tomamos azúcar, se produce abundante saliva pero ésta no contiene ptialina. La ptialina tampoco se produce al ingerir carne o grasa.
Si la naturaleza produjera gran cantidad de alimentos con una proporción casi idéntica de lípidos, prótidos y de glúcidos, nuestro sistema digestivo sería probablemente distinto. Sin embargo, tales mezclas apenas se encuentran en los alimentos naturales, los cuales son generalmente ricos en un solo y determinado elemento. Los alimentos equilibrados en los tres componentes son muy difíciles de digerir. La digestibilidad aumenta a la vez que la preponderancia de un solo elemento. Por ejemplo, la soja es ciertamente la leguminosa más difícil de digerir ya que contiene un 24% de almidón, un 37% de proteínas y un 18% de grasa.

3- NO COMBINAR PROTEÍNA CON PROTEÍNA

La digestión de dos proteínas que difieren por su composición y carácter, asociadas con otros factores alimentarios, requiere de las secreciones unas modificaciones y un tiempo de actuación peculiar para cada proteína.
El hecho es que el proceso digestivo se modifica para atender a los requerimientos de cada alimento proteico, pero le resulta imposible hacerlo tanto como para atender a las necesidades de dos proteínas distintas en la misma comida. Esto no significa que dos tipos de carne no puedan comerse juntos, o que diferentes clases de frutos secos no puedan tomarse al mismo tiempo, pero sí significa que no deberían combinarse alimentos proteicos como carne y huevos, carne y nueces, carne y queso, huevos y leche, huevos y nueces, queso y nueces, leche y nueces, etc.
Unas sola clase de proteínas en la misma comida proporcionará a la fuerza una digestión más eficiente.
No es imprescindible consumir en una sola comida todas las proteínas que necesitamos diariamente.
Esta regla siempre la sigo al pie de la letra. No hago excepciones. Y ojo para los que se creen que hacen una comida ‘sana y ligera’ cuando toman la típica ensalada compuesta, entre otras cosas, por pollo, atún, huevo y queso aliñada con una salsa ‘suave’ a base de nata líquida. Más información en mi artículo ‘Pesada Ensalada’.

Mala combinación zumo con huevo.

4- NO COMBINAR ÁCIDOS CON PROTEÍNAS

Como la pepsina solamente es activa en un medio ácido se comete el error de creer que agregando alimentos ácidos, estos ayudaran a la digestión de las proteínas. En realidad, sucede lo contrario, pues estos ácidos, inhibiendo la digestión de las proteínas, dificultan la secreción del jugo gástrico. Las frutas y los medicamentos ácidos perturban la digestión normal, ya sea destruyendo la pepsina o deteniendo su secreción. La presencia de algún ácido en el estómago o en la boca, impide el vertido del jugo gástrico.
La digestión de las proteínas requiere imperativamente un jugo gástrico adecuado en cantidad y acidez, y los ácidos de las frutas, obstaculizan esta secreción, contrarrestan seriamente la digestión de las proteínas produciendo su putrefacción.
Aunque la pepsina sólo es activa en presencia del ácido clorhídrico (y no existe prueba alguna de que otros ácidos favorezcan la tarea de la enzima), una acidez gástrica excesiva detiene su acción, e incluso la destruye.

‘Cuando consideramos el proceso de la digestión de las proteínas y el indudable efecto inhibidor de los ácidos sobre la secreción gástrica, comprendemos de inmediato el error de consumir zumo de piña, de pomelo o de tomate con carne como lo recomiendan unos pseudoespecialistas en dietética. Otro error es el de batir huevos en zumo de naranja para hacer los ‘cocktails’ recomendados por otros bromólogos de la misma incompetencia.
El zumo de limón, el vinagre u otro ácido utilizados para aliñar las ensaladas con un producto proteico, producen una repentina detención de la secreción del ácido clorhídrico, lo que impide la correcta digestión de las proteínas.’

Los ácidos de toda clase impiden la secreción del jugo gástrico, interfiriendo así la digestión de las proteínas, salvo las del queso, de las nueces y de los aguacates. Estos tres alimentos contienen crema o aceite, los cuales inhiben la secreción del jugo gástrico tanto o más que los ácidos, pero su digestión no es perturbada de manera apreciable por los ácidos.
Esta regla también la sigo al pie de la letra, a excepción, como he comentado antes, de la compota de manzana que recomiendo tomarla dejando pasar un tiempo prudencial después de la comida.

5- NO COMBINAR GRASA CON PROTEÍNAS

El profesor MC. Leod dice: ‘Se ha demostrado que la grasa ejerce una marcada influencia inhibitoria sobre la secreción del jugo gástrico. La presencia de aceite en el estómago demora la secreción gástrica que debe verterse sobre el siguiente alimento, el cual, en condiciones normales sería digerido de inmediato.’
La presencia de grasa en el alimento reduce el volumen de secreción gástrica generada por el apetito, disminuye la cantidad de ‘secreción química’, aminora la actividad de las glándulas gástricas, reduce la cantidad de pepsina y de ácido clorhídrico en el jugo gástrico, y puede debilitar el tono gástrico hasta un 50%. Este efecto inhibidor puede durar dos o más horas.
Esto significa que se debería evitar tomar grasa en una comida que comporta proteínas. En otras palabras, alimentos tales como nata, mantequilla, toda clase de aceites, salsas con muchas grasas, carnes grasas, etc., no deberían consumirse junto con frutos secos, quesos, huevos y carne. Debemos tener en cuenta que los alimentos que normalmente contienen grasa, como frutos secos, quesos o leche, requieren más tiempo para ser digeridos que otros alimentos proteicos que no la contienen.
Las grasas (mantequilla, nata, aceite, margarina, etc.) retardan la digestión de las proteínas en dos horas o más, por lo que no es aconsejable consumirlas junto con proteínas. La presencia de grasa en carnes grasas, en frituras de carne, huevos fritos, es probablemente la razón por la que estos alimentos requieren más tiempo para ser digeridos que las carnes magras asadas o hervidas, o los huevos pasados por agua. Las carnes grasas y los fritos son los que ocasionan mayores trastornos.
Sin embargo, el efecto inhibidor de la grasa puede ser contrarrestado consumiendo verduras en cantidad, preferentemente crudas.
Regla que considero muy interesante. Lo ideal sería olvidarse de las carnes grasas y cocinar las carnes blancas asadas o al vapor y los huevos mejor hervidos o pasados por agua. Esta regla la aplico cuando uno ya está habituado a la primera fase donde se comienza con carnes blancas a la plancha y con huevos en tortilla francesa con sólo un pelín de aceite.

  • Las grasas: Manteca, mantequilla, nata, margarina, aceite de frutos secos, aceite de girasol, de sésamo, de almendras, de maíz, de oliva, de soja, aguacates, pacanas, carnes grasas y embutidos.
Mala combinación pollo con miel.

6- NO COMBINAR AZÚCARES CON PROTEÍNAS

Todos los azúcares -azúcares industriales, jarabes, dulces de frutas, miel, etc.- tienen un efecto inhibidor sobre la secreción del jugo gástrico y sobre la actividad estomacal. Los azúcares tomados con proteínas impiden la digestión de estas últimas.
Los azúcares no sufren digestión alguna en la boca, ni siquiera en el estómago, sino sólo en el intestino. Si se toman solos, no permanecen mucho tiempo en el estómago y pasan rápidamente al intestino. Asociados con otros alimentos, ya sean proteicos o amiláceos, se quedan en el estómago mucho más tiempo, aguardando la digestión de los otros alimentos. Durante esta espera es cuando se produce la fermentación.
Los azúcares, al inhibir tanto la secreción gástrica como los movimientos del estómago, también interfieren la digestión de las proteínas, y durante esa espera, fermentan. Las proteínas, por lo tanto, no deben comerse junto con azúcares de ningún tipo o naturaleza. Experimentos del doctor Norman han demostrado que, al tomar nata y azúcar después de una comida, se demora su digestión durante varias horas.

Mala combinación mermelada con miel.

7- NO COMBINAR AZÚCARES CON ALMIDONES

La digestión del almidón empieza normalmente en la boca y continúa, si las condiciones son adecuadas, en el estómago durante algún tiempo. Los azúcares sólo se digieren en el intestino delgado. Cuando tomamos azúcares solos, pasan rápidamente del estómago al intestino. Tomados con otros alimentos, permanecen en el estómago por algún tiempo, hasta que se completa la digestión de los otros alimentos. Como los azúcares tienden a fermentar muy rápidamente en las condiciones de calor y humedad que existen en el estómago, este tipo de espera garantiza la fermentación ácida.
Las jaleas, compotas, mantecas de frutas, azúcares industriales, miel de abeja, melaza, jarabes, etc., agregados a tortas, pan, pasteles, cereales, patatas, etc., producen fermentación. La regularidad con que millones de personas toman cereales con azúcar como desayuno, y como consecuencia sufren acidez de estómago, eructos ácidos y otras evidencia de indigestión, sería divertida si no fuera tan trágica. Las frutas dulces con almidones también producen fermentación. El pan relleno de dátiles, uvas pasas, higos, etc., tan popular entre los clientes de las tiendas de ‘alimentos sanos’ son combinaciones ‘no adecuadas’. Muchas personas interesadas en la vida sana creen que si se utiliza miel, en lugar de azúcar, se evita la incompatibilidad, pero en realidad no es así. Miel con tortas calientes, jarabes con tortas, pasteles calientes, etc., producirán casi seguro fermentación.
Se ha comprobado que, al ingerir azúcar con almidón, se obstaculiza infaliblemente la digestión de este último.

  • Hay tres grupos de carbohidratos según Shelton:
    1- Almidones: Todos los cereales; habas y judías secas (excepto los granos de soja); garbanzos y en general todo tipo de leguminosas secas; toda clase de patatas; cacahuetes; boniatos; plátanos; calabazas; aguaturmas; castañas. Con menos cantidad de almidón: coliflores, remolachas, salsifís, escorzoneras.
    2- Azúcares y jarabes: Azúcar moreno y blanco, jarabe de caña, jarabe de arce, miel de abeja, azúcar de la leche.
    3- Frutas dulces: Dátiles, higos, plátanos, uvas pasas, uvas moscatel, ciruelas secas, peras secadas al sol, caquis.
  • Y las hortalizas y verduras sin almidón son: Lechugas, achicorias, brécol, diente de león, mostaza, acedera, berro, apio, coles, coles de bruselas, nabos de remolacha frescos, granos tiernos de maíz, perejil, puerros, espárragos, escarolas y endivias, espinacas, nabos frescos, pepinos, ruibarbos, ajos, pimientos dulces, cebollas, coles rizadas, cebolletas, judías verdes, rábanos.

8- NO COMBINAR ALMIDÓN CON ALMIDÓN

Con una pizca de humor, Carlton Fredericks dice:No sirva más de dos productos alimenticios ricos en azúcar o en almidón en la misma comida. Cuando sirve pan y patatas, usted sobrepasa los límites de tolerancia del organismo al almidón (las patatas tienen la suficiente fécula como para ser la parte principal de una comida amilácea). Una comida que incluya guisantes, pan, patatas, azúcar, pastel y después alguna infusión azucarada debería incluir una cápsula del complejo vitamínico B, algo de bicarbonato y la dirección más cercana del especialista en artritis y otras enfermedades degenerativas.’

‘En los círculos higienistas, se respeta la regla de comer sólo un tipo de producto amiláceo en una comida, sin añadir alimentos azucarados. El azúcar, los jarabes, tartas, pasteles, infusiones azucaradas, etc., se consideran inoportunos en una comida que incluya almidón. A los que nos consultan, no les aconsejamos tomar una dosis de bicarbonato, sino evitar la fermentación que la ingestión de tales mezclas origina casi seguro. Nos parece el colmo de la estupidez tomar un veneno y luego un antídoto, y creemos más sensato no tomar el veneno. El bicarbonato no impide la fermentación, incluso en el caso de poder neutralizar los resultados ácidos que esta combinación produce.’

Si dos o más almidones se comen al mismo tiempo, en la misma comida, uno o el otro será seleccionado para la digestión y la asimilación y el otro pasará directamente a los intestinos sin ser digerido retardando la digestión de otros alimentos creando fermentación.

Esta regla la sigo a la perfección, sin excepciones. ¿Cuántos sois los que aún coméis la pasta con pan o el arroz con pan? ¿Cuántos de los que coméis ‘sano’ tomáis varios cereales en el desayuno (muesli o pan multicereales) o granolas en la merienda creyendo que por eso aportáis más nutrientes? Con uno es más que suficiente. Mi abuela decía ‘pan con pan comida de tontos’ y a esta regla le va como anillo al dedo. Siempre lo digo: ‘Menos es más’.

9- LOS MELONES SIEMPRE SOLOS

Mucha gente se queja de que los melones no le sientan bien. Pero los melones son tan fáciles de digerir que hasta los estómagos más sensibles pueden digerirlos sin dificultad. La razón por la que los melones tienen como consecuencia trastornos e incluso indisposiciones es porque no se digieren en el estómago. La escasa digestión que requieren tiene lugar en el intestino. Al tomarse correctamente, sólo permanecen en el estómago unos pocos minutos y luego pasan al intestino. Pero si se ingieren con alimentos que requieren una larga permanencia en el estómago para la digestión salivar o gástrica, los melones también quedan retenidos. Como se descomponen muy rápidamente cuando se les corta y se les coloca en un lugar caliente, tienden a producir gases y molestias al comerlos con la mayoría de los demás alimentos.
Toda variedad de melones y sandías deben tomarse solos. No deberían tomarse entre comidas, pero sí como una comida. Shelton dice: ‘He tratado de asociar melones con fruta fresca, y no parece haber razón que se oponga a esta combinación, si se desea.’
Por mi experiencia considero que es mejor tomar los melones solos porque mezclarlos con otra fruta no suele ir bien a los estómagos ‘delicados’.

9- FRUTAS MEJOR SOLAS

Las frutas no admiten ninguna mezcla porque al ser mezcladas con otros alimentos, produce una fermentación alcohólica y perturban gravemente la digestión y la asimilación. De esta forma, lejos de proporcionar al cuerpo los minerales y vitaminas que contienen en abundancia, lo desmineralizan y provocan desequilibrio y carencias. La regla de oro es tomar la fruta exclusivamente sola. No se recomienda tomar fruta para cenar, sobre todo si es ácida, y menos aún en el caso de las personas nerviosas.

Sólo algunas frutas son concentradas en proteína -el aguacate y la aceituna son las principales excepciones- pero casi todas ellas contienen gran cantidad de azúcares, excelentes combinaciones de ácidos, minerales y vitaminas. Junto con los frutos oleaginosos, como las nueces, almendras y avellanas -botánicamente también se consideran frutas- y las verduras.
La forma ideal de tomar las frutas es hacer una comida exclusivamente con ellas. Los ácidos de las frutas no combinan bien ni con los almidones ni tampoco con las proteínas. Asimismo, sus azúcares no combinan bien con las proteínas ni con los almidones. Los aceites del aguacate y de la aceituna tampoco combinan bien con las proteínas de otros alimentos.
Las frutas sufren sólo un principio de digestión en la boca y en el estómago, y hasta ninguna. En general, pasan rápidamente al intestino, donde tiene lugar la pequeña digestión que requieren. Al tomarlas con otros alimentos que necesitan permanecer un largo tiempo en el estómago, las frutas también se quedarán allí hasta que se complete la digestión de aquellos alimentos. Esto provoca una descomposición debido a la acción de las bacterias.

Además del ácido clorhídrico, los ácidos de las frutas como naranjas, pomelos, piñas, tomates, limones, limas, uvas, bayas ácidas, etc., y el ácido del vinagre, así como los ácidos de los medicamentos destruyen la amilasa salivar. Comer frutas ácidas y utilizar vinagre para aliñar suspende la digestión.

Totalmente de acuerdo con esta regla, sólo que, en algunos casos, al principio recomiendo la manzana cocinada pero siempre dejando pasar un tiempo razonable después de la comida.

  • Shelton clasifica las frutas en tres tipos:
    Frutas ácidas (Casi todos los ácidos que ingerimos son frutas ácidas): Naranjas, granadas, manzanas ácidas, ciruelas ácidas, uvas ácidas, melocotones ácidos, grosellas, pomelos, fresas, tomates, frambuesas, piñas, limones.
    Frutas semiácidas: Higos frescos, papayas, chirimoyas, peras, manzanas dulces, albaricoques, cerezas dulces, ciruelas dulces, mangos.
    Frutas dulces: Plátano, uva dulce, dátil, higo, etc.

10- LECHE SOLA O NO TOMARLA EN ABSOLUTO

La regla de la Naturaleza para todas las especies de mamíferos es que el recién nacido tome sólo leche. En efecto, en los primeros años de su vida, los jóvenes mamíferos no toman otro alimento que no sea la leche. Finalmente, llega el día en que son destetados, tras lo cual nunca vuelven a tomar leche. La leche, alimento del bebé, no es necesaria después del período normal de lactancia.
Mi regla es SI a la leche materna en el período de lactancia y en nuestros primeros años de vida y un NO rotundo a la leche animal en cualquier período de nuestra vida.

11- ELIMINAR LOS POSTRES

Los pasteles, tartas, pudines, helados, frutas hervidas, etc., tomados al final de la comida combinan mal con casi todo cuando se haya digerido. No sirven para nada y no son necesarios.
Tomados después de una comida normal, como de costumbre, no pueden digerirse bien. Lo mismo puede decirse de los postres fríos, como por ejemplo los helados, significan otra barrera más al proceso digestivo, la del frío.
Totalmente de acuerdo. ¡Fuera postres!

12- AGUA FUERA DE LAS COMIDAS

‘Beber agua en la comida debilita la acción de la saliva sobre los almidones, tanto en la boca como en el estómago. Además, no es cierto que necesitemos tomar agua durante la comida para ayudar a la digestión. Es mucho mejor beber agua diez o quince minutos antes. El agua durante la comida diluye los jugos digestivos y los arrastra con sus enzimas.’

‘Cualquier cosa que inhibe la secreción de los jugos digestivos o que altere su química, o que destruya sus enzimas, retardará o suspenderá el proceso de digestión. Es importante, por lo tanto, que no tomemos nada con nuestros alimentos que altere las reacciones ácido-alcalinas de los líquidos digestivos, inhiba su secreción o destruya sus enzimas. También es importante que nos abstengamos de tomar alimentos en la misma comida que directa o indirectamente interfieren con la digestión de los demás.’

‘Alimentos’ que entorpecen y retrasan una buena digestión

  • VINAGRE: Los experimentos han demostrado que una porción pequeña de vinagre disminuye la digestión del almidón por su efecto inhibidor o destructivo sobre la amilasa salival. Se hace evidente que el vinagre, las salmueras (saturadas con vinagre), ensaladas en las que el vinagre ha sido rociado y los aderezos de ensalada que contienen vinagre, son sustancias nocivas para tomar por el tracto digestivo humano, especialmente cuando se toma con alimentos con almidón como los cereales, el pan, las legumbres, las patatas y similares.
    El vinagre no es un mal simplemente porque su contenido de ácido acético altamente tóxico destruye la amilasa salival, sino porque además contiene alcohol que precipita la pepsina del jugo gástrico y retrasa la digestión gástrica de las proteínas.
    Y claro, justo el vinagre se encuentra como ‘suplemento’ para la reducción de peso ya que paraliza las dos primeras etapas de la digestión:
    ‘El vinagre de sidra de manzana, tan elogiado hoy en día como un ‘alimento medicinal’ en la medicina popular, contiene ácido acético y alcohol y no es apto para su uso oral, no sólo porque afecta la digestión, sino porque contiene estos dos venenos virulentos.’
  • Y hablando de ALCOHOL, nos comenta que afecta la digestión de las proteínas al precipitar la pepsina del jugo gástrico, la enzima que inicia la digestión de las mismas.
  • BICARBONATO DE SODIO: El bicarbonato de sodio también destruye la pepsina y retarda la digestión gástrica. Se han utilizado muchos fármacos ácidos y álcalis (básicos) para reducir el peso porque retardan la digestión. ¿Cuántos aún pensáis que tomar bicarbonato de sodio es un remedio excelente?
  • TÉ y CAFÉ: El té y el café, no sólo por las sustancias tóxicas que contienen, sino también por el azúcar que comúnmente se toma con ellos, inhiben la digestión de los alimentos en el estómago. Son causas comunes de indigestión.
    Tema delicado, ya que en la actualidad casi todo el mundo depende de estimulantes. Mi recomendación sería no tomar ninguno de ellos.
  • Los CONDIMENTOS de todo tipo: Debido a la irritación del estómago que ocasionan, inhiben la digestión estomacal. Como son indigestibles y ocasionan irritación en toda la extensión del tracto digestivo, es probable que también inhiban la digestión intestinal. Hay una serie de productos ampliamente extendidos en las tiendas de alimentos saludables, que consisten en vegetales en polvo, algunos de ellos con hierbas marinas altamente saladas, otros con sal añadida. Se utilizan para hacer caldos y se espolvorean en ensaladas y otros alimentos como condimentos y suplementos. Ellos inhiben la digestión del estómago, a veces durante horas.
  • La familia de la CEBOLLA causa problemas digestivos: Todos los miembros de la familia de la cebolla (cebollas, ajo, puerros, chalotes, cebollinos, etc.), así como rábanos y todos los demás alimentos que contienen cantidades apreciables de aceite de mostaza irritan al estómago y a los intestinos, ya que ocasionan irritación de la boca y la garganta, inhiben la digestión. El rábano picante y la mostaza son especialmente fuertes causando irritación y los rábanos blancos y rojos también causan una irritación considerable. No parece haber ninguna buena razón por la que debemos comer tales alimentos. Más información en mi post ‘El Ajo no sólo afecta a los vampiros’.

Es de sabios abstenerse a comer ciertas combinaciones que retardan, inhiben y deterioran la digestión, en lugar de comer de la manera indiscriminada y fortuita que se hace actualmente y luego recurrir a los medicamentos para paliar la molestias resultantes. Evitar la incomodidad evitando su causa es ciertamente preferible a la deliberación de invitar a los problemas y luego tratar de paliar con los medicamentos que son peores en sus efectos secundarios perjudiciales que los alimentos, los aditivos alimentarios y las combinaciones que son responsables de los problemas iniciales.’

  • VITAMINAS QUÍMICAS:
    Shelton comenta al respecto, y estoy totalmente de acuerdo con lo que dice, que las vitaminas contenidas en los vegetales son las auténticas y no imitaciones químicas fabricadas en laboratorios.
    Las vitaminas se complementan unas con otras. Las vitaminas no sólo cooperan unas con otras en el proceso nutritivo, sino que también lo hacen con las sales minerales, las cuales se encuentran igualmente en las verduras. Tomar preparados de vitaminas combinadas con calcio o hierro o algún otro mineral, no cubre de forma satisfactoria las necesidades del organismo, puesto que éste no las puede utilizar en este estado inorgánico. No existe mejor fuente de substancias alimenticias que el reino vegetal. Más info en mi post ‘Pura Vitamina Química’.

REFLEXIONES DE SHELTON

  • BUENA DIGESTIÓN=BUENA SALUD.
    Jamás existe una buena nutrición sin una buena digestión.
    Una mala digestión no podrá suministrar los elementos necesarios para tener y mantener una sangre rica. Entonces, los tejidos no serán adecuadamente nutridos, decaerá el estado general de salud y el organismo irá deteriorándose. Es de suma importancia tener presente que la calidad de la sangre depende, sobre todo, de la elaboración de sus elementos constitutivos, la cual tiene lugar en el conducto digestivo. Por lo tanto, que el organismo digiera bien significa modificaciones favorables de los tejidos en todo el cuerpo. Mejorando la digestión se mejoran todas las funciones vitales y se obtienen muchos e importantes beneficios.
  • INDIGESTIÓN=ENFERMEDAD.
    La indigestión es el inicio, aunque no la causa, de las enfermedades más graves que sufre el hombre. Toda alteración funcional se convierte en causa indirecta, y el envenenamiento y la falta de nutrición que genera la indigestión, se añaden las causas principales de los sufrimientos humanos. Evitar la indigestión es preservar la salud y remediarla es restablecerla.
    Una larga lista de molestias o síntomas acompaña el progresivo deterioro de la función digestiva, como gases, eructos ácidos, sensación de malestar, dolor en el vientre, insomnio y noches poco reparadoras, lengua sucia por la mañana, heces hediondas, nerviosismo, etc. Y esto no es de ninguna manera un catálago exhaustivo de los síntomas que acompañan la indigestión.

Las combinaciones correctas sólo mejorarán, pero no acabarán por completo con la indigestión, si ésta es debida en parte a otras causas. Si las preocupaciones, por ejemplo, nos atormentan hasta el punto de perturbar la digestión, tendrán que ser suprimidas antes, para que la digestión pueda volver a la normalidad. Sin embargo, es obvio que preocupaciones sumadas a combinaciones erróneas producirán peores indigestiones que preocupaciones con combinaciones correctas. Si pensamos en las enormes cantidades de bicarbonato, magnesio, Alkaseltzer, Bromoseltzer y otros productos farmacéuticos similares que se consumen diariamente en todos los países civilizados para aliviar las molestias que causan la fermentación ácida y los gases en el tubo digestivo, todo ello fruto de malas digestiones, llegaremos pronto a la conclusión de que globalmente nuestro mundo padece de indigestión crónica.
Además de los medicamentos citados, tomados para aliviar temporalmente los trastornos digestivos, se usan también muchos productos que supuestamente ‘ayudan a la digestión’.
La pepsina es quizás la más conocida. Durante algún tiempo se pensó que la goma de mascar ayudaba a la digestión de los alimentos. Esto paliativos son engañabobos que no favorecen en nada la digestión. No mejoran ni aumentan de ninguna manera la capacidad funcional de los órganos que intervienen en la digestión, ni eliminan las causas de los trastornos digestivos. Por el contrario, el uso continuo de cualquiera de ellos no puede sino afectar negativamente, sin excepción, la capacidad digestiva.
Además, el consumo de ‘ayudas para la digestión’ y de productos para ‘aliviar’ molestias, aparta la atención del afectado de la verdadera solución a sus problemas, y no le permite conocer la verdad sobre su estado de salud, ni cómo puede realmente recuperarla. Me quedo perplejo al ver cómo la humanidad sigue confiando, desde hace tanto tiempo, en tales remedios que han fracasado siempre, y a pesar de que, según parece, incluso los tontos aprenden de repetidos fracasos.

Millones de dólares se gastan anualmente en medicamentos que sólo dan un alivio temporal a las molestias y dolores que producen la descomposición de alimentos en el estómago e intestinos. Substancias químicas para neutralizar la acidez, resorber los gases, aliviar dolores y hasta para tratar el dolor de cabeza producido por la irritación gástrica, son utilizadas a toneladas por la gente en todo el mundo.
No se gana nada llenando los bolsillos de fabricantes y vendedores de medicamentos. Esta gente amontona fortunas con el negocio de substancias que sólo aumentan los sufrimientos de las pobres víctimas engañadas por el fetichismo.

  •  LA IMPORTANCIA DEL DESCANSO DESPUÉS DE COMER.

¡Cuan más eficiente resulta el proceso digestivo cuando se come con calma en un estado mental sereno, que cuando los alimentos se ingieren en un estado de agitación mental, sea del origen que sea! ¡Y en qué gran medida no se ve afectado el proceso de la digestión por la conducta de la misma persona después de las comidas, según descanse o se ponga enseguida a trabajar! El descanso una vez terminada la comida, es indispensable para una buen digestión. Nadie puede digerir bien los alimentos si, después de masticarlos a medias, salta de la mesa a su trabajo como si fuera un galgo liberado de su dogal.
Cuando se vive a este ritmo, como a menudo ocurre en las grandes ciudades, cuando todo, incluso el comer, se realiza a velocidad de vértigo, cuando las mandíbulas no dan abasto y la comida es tragada a medio masticar, día tras día y año tras año, cuando se vuelve al trabajo inmediatamente, sin dar el mínimo descanso al cuerpo ni a la mente, por fuerza la naturaleza ultratajada tiene que pedir cuentas. La capacidad de todo ser humano para aguantar esta vida de condenado a galeras, siempre tiene un límite, pero dicha capacidad depende de las diferencias de constitución de los distintos individuos. El fuerte aguantará más tiempo que su compañero débil, pero tarde o temprano el más robusto sucumbirá también a la agresión de este tipo de vida.

  • EL DESCANSO FÍSICO Y MENTAL PARA RECUPERAR LAS FUNCIONES VITALES.

Cuando, debido a carencias o excesos de cualquier naturaleza, la constitución humana se deteriora y merma la vitalidad, uno de los primeros síntomas de la depresión vital es un debilitamiento de la capacidad digestiva.
La continua violación de las leyes de la vida, mermando las capacidades del organismo, no sólo debilita gravemente la función excretora, originando la toxemia (un estado de envenenamiento debido a la retención de los desechos orgánicos normales), sino que también reduce la capacidad de digestión y de asimilación, con lo que la nutrición del cuerpo disminuye en proporción al grado de debilitamiento constitucional. Es entonces cuando aparece la indigestión, con la consiguiente falta de asimilación normal de los nutrientes y el lento agotamiento del paciente.
En este caso, ningún cambio de dieta puede restablecer la salud. Es imprescindible eliminar primero todas las causas de la degeneración y proporcionar al organismo el suficiente reposo para permitirle normalizar sus actividades funcionales. Debería ser obvio para todo el mundo que si no se aumenta la capacidad de digestión y de asimilación, todos los esfuerzos para curar al paciente mediante programas de alimentación, serán infructuosos. Es todavía más vano intentar restaurar la capacidad digestiva tomando medicamentos (tónicos, astringentes, sales minerales, preparados de hierro, etc.), ya que sólo empeorarán un poco más la ya deteriorada constitución del individuo y aumentarán la debilidad del aparato digestivo.
Sustituir una causa de enervación por otra es un procedimiento insensato. De nada sirve descansar, si a la vez se aplican una serie de tratamientos paliativos (baños, masajes, tratamientos eléctricos, enemas, irrigaciones de colon, etc.). Con ellos, nunca estaremos rebosantes de salud. Siempre hay que tener presente que cuando aprendamos a vivir en conformidad con las leyes de la vida, tendremos que liberarnos para siempre de los penosos esfuerzos para eliminar las inevitables consecuencias de tus errores. Sólo cuando hayamos aprendido a vivir dentro de los límites de las leyes fisiológicas y biológicas, es cuando podremos convertir en un canto de alegría los quejidos de dolor y lamentos de desesperación que hoy ascienden de la tierra.

Es evidente que el paciente tiene que rectificar por completo su modo de vida, pues únicamente en ello reside la esperanza de una auténtica recuperación de salud.
En primer lugar, el sistema nervioso del paciente, al encontrarse abatido por el exceso de trabajo, la in temperancia, los estimulantes (irritantes), y los excesos de todo tipo, tiene que descansar por encima de todo. Por lo tanto, mandaremos al paciente que abandone todas las actividades físicas y mentales, así como cualquier obligación que agote sus energías. Estas es la condición ‘sien qua non’ para su recuperación. Está claro que el individuo enervado necesita descansar por encima de todo, y esto incluye tanto el reposo del cuerpo como el de la mente.
Tomando medicamentos, cambiando siempre de remedio y aumentando las dosis, el paciente ve cómo su estado empeora día tras día. Tal deterioro progresivo de las funciones del cuerpo humano es debido no sólo al efecto perjudicial de las drogas, sino también al hecho de que, al tomarlas, se han olvidado las verdaderas causas del agotamiento. Es pura ilusión querer ‘curar’ una enfermedad sin corregir el modo de vida que, sin lugar a dudas, la origina.

  • NO SÓLO UN CAMBIO DE ALIMENTACIÓN BASTA PARA RESTABLECER LA SALUD.
    Tampoco podemos resolver el problema con una solución que incluya un sólo factor. Estamos frente a un estado de cosas en cuya génesis han intervenido un conjunto variado de antecedentes, y que sólo puede ser cambiado teniendo en consideración cada uno de estos factores causantes. No basta con suprimir un sólo hábito enervante. Todos deben ser abandonados de una vez para siempre, para que un verdadero éxito corone nuestros esfuerzos.
    Para recuperar la capacidad funcional del organismo agotado, hay que abandonar todas las prácticas debilitantes. Luego, se hará un uso racional de los medios y factores naturales y después de haber desaparecido todas las causas de debilitamiento, los factores esenciales para la salud (descanso, alimentación adecuada, ejercicio, aire puro, agua limpia, sol y buenas influencias psíquicas y morales) acabarán de restablecer el organismo y la eficiencia de sus funciones.
    Una vez que el cuerpo se haya liberado de las toxinas que le agobiaban, y una vez restablecidas la energía nerviosa y la capacidad de eliminación, digestión y asimilación, es sólo entonces cuando se produce un retorno gradual al estado de salud. Hasta que no se haya realizado esto, ni la mejor dieta puede dar los resultados deseados.
    Es menester hacer de nuevo hincapié en que la alimentación, a pesar de su gran importancia tanto para la persona con buena salud como para el enfermo, no basta, por sí sola, para preservar ni restablecer la salud. Es sólo en conexión fisiológica con el agua, el ejercicio, el descanso y los otros elementos vitales, cuando puede manifestarse su auténtico valor. Todos estos medios reunidos contribuyen de manera diversa en los procesos curativos, pero ninguno de ellos tiene un valor superior a los demás, pues cada uno es indispensable y esencial.
    No debemos olvidar que la salud, cuando se pierde, sólo puede recuperarse mediante un laborioso proceso, en el que el paciente tiene la máxima y casi única responsabilidad. Implica una gran determinación y perseverancia a la hora de adquirir hábitos sanos que lleven a alcanzar nuevamente aquel bien tan preciado, la salud.
  • PUTREFACCIÓN Y FERMENTACIÓN=VENENO.
    Cuando los almidones y los azúcares fermentan, se descomponen en dióxido de carbono, ácido acético, alcohol y agua, substancias que son inutilizables, pues son tóxicas, con la única excepción del agua. Cuando se digieren las proteínas, éstas son descompuestas en aminoácidos, substancias utilizables, es decir, nutritivas. Cuando las proteínas se putrifican, se descomponen en una variedad de ptomaínas y leucomaínas, también tóxicas. Lo mismo sucede con todos los demás alimentos; su digestión por las enzimas los hace aprovechables por el cuerpo humano, mientras que su descomposición por las bacterias los hace inútiles e inservibles para las necesidades del organismo. El primer proceso proporciona elementos nutritivos como producto final, y el segundo proporciona venenos.
    Del tubo digestivo, la corriente sanguínea debería recibir agua, aminoácidos, ácidos grasos, glicerol, monosacáridos, minerales y vitaminas, y no alcohol, ácido acético, ptomaína, leucomaínas, sulfato de hidrógeno, etc. El organismo debería recibir materiales nutritivos, y no venenos.

Los carbohidratos que fermentan en el sistema digestivo son transformados en alcohol y ácido acético y no en monosacáridos. Las grasas se vuelven rancias en el estómago y en el intestino, no suministran al cuerpo ácidos grasos y glicerol. En resumidas cuentas, para nutrirnos, los alimentos ingeridos deben digerirse, no pudrirse.
Al hablar de indol, escatol y fenol, Howell destaca que el ácido carbólico, después de ser absorbido, se combina en parte con el ácido sulfúrico formando un sulfato etéreo, o ácido fenosulfónico, que es evacuado por la orina. Y los mismo sucede con el cresol. El indol y el escatol, después de ser absorbidos, se oxidan, y más tarde, al combinarse con el ácido sulfúrico de igual manera que el fenol, son evacuados por la orina en forma de ácido sulfúrico indócil y ácido sulfúrico escatoxil. La proporción de estos venenos que se halla en la orina, es tomada como índice del grado de putrefacción que existe en el intestino.
La acumulación de gases en el abdomen, el mal aliento producido por la fermentación y putrefacción gastrointestinal, el olor fétido y desagradable de las heces y gases que expelen, son tan indeseables como los venenos que los originan.
Si se admite que una excesiva acción bacteriana puede producir diarrea y hasta causar problemas serios de nutrición, ¿qué podemos esperar de una acción bacteriana larga y continua, sino una actividad excesiva? Esta cuestión me parece muy seria y pertinente.
Comer de más (más allá de la capacidad de las enzimas), comer estando fatigado o justo antes de empezar a trabajar, teniendo frío o exceso de calor, cuando se tiene fiebre, dolores e inflamaciones graves, cuando no se tiene hambre, etc., favorece la descomposición bacteriana de los alimentos ingeridos. El uso de condimentos, vinagre, alcohol y otras substancias que retardan la digestión favorece la actividad bacteriana. Al analizar cuidadosamente los hábitos alimentarios, fácilmente encontraremos mil y un motivos para que se produzcan la fermentación y putrefacción gastrointestinales casi universales.

El cambio de comidas correctamente combinadas mejora de inmediato la salud como consecuencia del alivio que se aporta a los órganos digestivos, asegurando así una mejor digestión, mayor nutrición y menos intoxicación. He comprobado también que este tipo de alimentación produce menor fermentación y putrefacción, menos gases y molestias.
La feroz ablación de amígdalas que sufren cada año millares de niños, se debe en gran parte a la constante fermentación originada por una alimentación compuesta, generalmente, de carne y pan, cereales y azúcar, pudines y frutas, pasteles y frutas, etc. Hasta que los padres no aprendan a alimentar a sus hijos con el debido respeto a las limitaciones de las enzimas y cesen de darles las llamadas ‘comidas equilibradas’, ahora tan de moda, sus hijos continuarán sufriendo no sólo de resfriados y amigdalitis, sino también de gastritis (indigestión), diarrea, estreñimiento, fiebre, poliomielitis y otras muchas ‘enfermedades de la infancia’.

Tabla extraída y adaptada de Shelton, Orthotrophy, 1956.

A=ACEPTABLE: Evitar en caso de alteraciones digestivas.
B=BUENA: Asimilada por las digestiones más débiles.
M=MALA:Evitar siempre.
P=POBRE: Exige una fuerte capacidad de digestión.
¡Ojo! Errata en la tabla del libro traducido al español donde en ‘prótidos con prótidos’ pone B (es incorrecto). En su libro original en inglés es una B que significa ‘Bad’ (no es B de ‘buena’) que, como se puede apreciar en esta tabla, ya he rectificado cambiando la B por una M (‘mala’).

‘Si usted se encuentra en casa de un amigo o pariente, un libro de menús le será de escasa utilidad, pero si saber combinar los alimentos, podrá elegir los que sean compatibles de entre los que se le presenten, y conseguir así una comida equilibrada. Con un poco de práctica, usted combinará los alimentos correctamente de manera automática, dedicando muy poco tiempo a ello. Por encima de todo, no se convierta en un maniático en esta materia. Coma lo que tenga que comer y olvídese de todo. Deje que sus amigos tomen lo que les apetezca y no les aburra con una conferencia sobre dietética cada vez que coma con ellos.’

Deseo que esta información os haya sido tan valiosa como lo fue para mi en su momento. Creo que es necesario ver ampliar la visión nutricional y ser conscientes de que no sólo es importante la calidad nutricional de los alimentos sino también de cómo los digerimos y absorbemos para obtener todos sus nutrientes.
Menos es Más.
Salud y Buenos Alimentos.
Yo Isasi
yoisasi.com

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